Todo ser humano contiene una memoria de que una vez, desplegó sus alas.

A veces se pregunta cómo sucedió,  quiere recordar, quiere tener el control de su libertad.  Y la respuesta a esto la tiene siempre presente.

La anécdota mas conocida de Paganini, cuenta cómo despues de romperse tres cuerdas a su violín él siguió tocando con la única que le quedó,  mostrando la belleza sin igual de su música.

Paganini no dejó de tocar, no sustituyó su violín por otro,  esté accidende desafió a que su música, él, se volviera más real, pudiera salir en cualquier circunstancia, sin limites.

Desplegar las alas, como el pájarito que vuela despues de que el padre, acusado de loco,  lo empujara desde un precipicio, sabiendo que el vuelo necesita de mucho espacio y de confianza absoluta, de la certeza de quien es su hijo.

Desplegamos las alas cuando por fin comprendemos que no hay nada que nos impida volar, cuando algún reflejo, con la confianza de haberlo atravesado él mismo,  nos confirma que podemos hacerlo, cuando el sostén del viento nos hace sentir seguros, cuando el amor está tan presente que se olvida el miedo, desplegamos las alas cuando se rompen definitivamente los frenos de la resistencia, y los obstáculos ya no impiden que lo Real atraviese  la mente.

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